Archivo del Diciembre de 2009

troya1La Troya que conocemos todos los villeneros es la sala de fiestas perteneciente a la Comparsa de Estudiantes.  Desde su emplazamiento junto a la carretera a Biar, estas antiguas piscinas -desde hace años convertidas en dos escenarios para fiestas y verbenas-, han contemplado historias de amor bajo la luna septembrina y las canciones de moda en cada verano.

Gentiles Estudiantes, Marruecos, Almogávares y algún que otro Moro Nuevo con valor, han acabado la larga noche de Fiestas rodeando los brazos de una Masera, Pirata o Contrabandista aprovechando que a esa hora hace rasca y la capa es el mejor abrigo para conducirse hacia la Diana o algo mejor.

El apelativo de Troya proviene de la novela de Alejandro Pérez Lugín publicada en 1915, “La casa de la Troya”, obra muy leída en la época y que refleja distintos aspectos de la vida estudiantil de Santiago de Compostela a finales del siglo XIX.  Con ello el autor creó una imagen tópica de la estudiantina -que vivían en la susodicha casa o pensión- y que se transmitió a lo largo de más de cincuenta años.

Aquel mito literario, luego amplificado por el cine, se mantuvo imperturbable incluso ante los fabulosos hallazgos arqueológicos de Heinrich Schliemann, un señor que en su época se comió el mundo, ganó fortunas y las gastó en un sueño de juventud: la Troya mítica tenía que corresponderse con una auténtica ciudad pasada… y fue él quien encontró la Troya verdadera después de largas excavaciones.

Eso sí, las homéricas aventuras y amoríos de Helena, Paris, Aquiles, Héctor, Ajax, etc., volvieron a la actualidad gracias, entre otras, a la película dirigida en 2004 por Wolfgang Petersen y en la que intervienen Brad Pitt y Eric Bana mostrando unos brazacos de tomo y lomo, torso pétreo y melena al viento.  Con ello se consiguió empequeñecer a los robustos mozos del peplum de los cincuenta y sesenta.

Ante tanta testosterona desatada no es raro que el mundo gay recogiera buena parte de esa iconografía y referentes, de manera que un troyano, en ese ambiente, es mucho más que un virus informático.  Es por eso que en Elche el nombre de una sala de fiestas que cierra muy tarde (o muy pronto, según se mire)  recibe el nombre de Troya de igual manera que lo tiene en nuestra ciudad.

troya2Lo que no deja de ser curioso, además de coincidencia de nombre y atuendos en más de una noche, es que, con todas las aceras que hay en la ciudad ilicitana, la Troya gay y lésbica se encuentra situada en la calle Villena.  Además en el número 5.

En fin, una feliz coincidencia, que si nos dejara alguna conclusión sería que hay comparsas villeneras que están desaprovechando estupendas oportunidades para diversificar el negocio y ofrecer diversiones que vayan más allá de las presentaciones de madrinas y regidoras.

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