Últimamente proliferan las “intervenciones urbanas”, el arte que sale a la calle y que conquista espacios. En Alicante se ha llamado “In Urbe” y en Sant Joan han elegido el nombre de “Ubica”. En ambos casos hay mucho de qué aprender.
La semana pasada recordaba Andrés Leal en unos de sus Días Felices las principales características del certamen callejero alicantino: “In Urbe quiere ser una manifestación artística vinculada al espacio urbano de la ciudad de Alicante. Se manifiesta, exclusivamente, alrededor de los lugares que se dan en ella: calles, plazas, pasajes; en sus límites con el exterior, ventanas, hornacinas, suelo”.
Gracias a esas bases el casco urbano de Alicante se ha llenado de golpes de color, como los paraguas colgantes frente al edificio del Sindic de Greuges, o mensajes más reivindicativos, como el juego sobre la inmigración que ocupó parte de la Explanada. Sin embargo a mi ese “exclusivamente” de las bases me pareció un cortafuegos innecesario. Más ahora que he visto lo de Sant Joan.
Ubica es el certamen de la población vecina y en ella hay suficiente elementos diferenciadores a tener en cuenta: existe un comisario, un coordinador, de refuerza la actividad, además de unas normas mucho más invasivas. Se puede intervenir en el interior de los locales comerciales que lo permitan, se pueden realizar obras efímeras –performances- que utilicen el espacio urbano pero no se fijen para siempre en el.
De ahí que el resultado sea mucho más estimulante. Una peluquería se ha convertido en una extraña galería expositiva en la que cuelgan imágenes de la clientela con bigudíes, cera en el mostacho y mechas en la melena. Todo ello mezclado con menciones clásicas al eterno ideal de belleza. Por otro lado la Casa de Cultura se ha convertido en el lugar receptor de un Engendro Colectivo.
De eso precisamente quiero hablarles. El grupo que se llama así ha realizado un proyecto denominado “Turismo local”, una guía para foráneos en la que no sólo se señalan los principales hitos arquitectónicos, si no aquello que de verdad merece conocerse de un lugar.
Durante dos meses se han dedicado a recopilar historias y entrevistas, han preguntado a muchos y han establecido un mapa de zonas desaparecidas, otras que albergan leyendas urbanas u olores y sensaciones características. También han situado el lugar de historias populares o la existencia de personajes emblemáticos.
Es como si una guía de Villena informara de dónde vive Soli, cuales han sido las mejores proezas de Saborit o levantara un hito al desaparecido Tío Frasquito. Una especie de itinerario turístico que no sólo recogiera el emplazamiento del Castillo, Santa María y Santiago, sino también el de Casa Juanita o ese descampado cerca del Ruperto Chapí en el que los coches aparcan de noche, se menean y sus cristales aparecen empañados.
Una guía sentimental, no siempre agradable, muchas veces canalla, pero que nos habla de lo que somos y hemos querido aparentar ser, una presentación de Villena más allá de eso de “gentes de amable carácter”, cosa que además de tópica no suele ser verdad. Por eso me ha gustado tanto el Engendro Colectivo, por eso les animo a que lo visiten.