Se nos pasaba la joyica preparada con tiempo por Prometeo. Sus merecidas vacaciones se han saldado con un artículo abracadabrante. Mucha, pero que mucha canela hay en sus comedidas palabras sobre Rafa Nadal: “¡Es un fenómeno en todos los aspectos! Humilde en el trato, sencillo y uno de los mejores deportistas de nuestro país, pero ante todo, es español por los cuatro costados y eso lo lleva en la cara y lo transmite por los poros“.
Dejando aparte la dudosa higiene de la metáfora, debemos decir y decimos que el columnista puede que tenga razón y por ello alargamos su razonamiento añadiendo que:
1. Por las mismicas razones Fernando Alonso es un grandísimo antiespañol (diciéndolo fino) por todos los poros de su piel, incluidos los del cuello. Arisco en el trato, el bluf este sólo ha corrido con coches extranjeros, como si un SEAT León con el motor trucao fuera incapaz de pillar los 200 y pico en una recta (que lo he visto yo). Además el payo en cuenta de pagar sus impuestos en la piel de toro tiene las cuentas localizadas en Suiza, debiendo recordar en este punto que lo que no pone él lo ponemos los demás. Las carreteras, los hospitales y hasta ese carísimo circuito en el que sólo se ha dado una vuelta salen de nuestros impuestos, no de los suyos. Por cierto que por no llevar no lleva ya ni la banderica en el casco. Lo peor.
2. Que para Prometeo también tiene que ser de lo peor el Pirri ese que ganó una medalla de bronce. La esgrima española da mucha grima. Primero por ir alardeando de que es un deporte inventado por los españoles, como si el primero en pegar espadazos hubiese sido Tarsicio en la Atalaya. Segundo por no haber ganado una medalla en la puñetera vida y eso que lo de dar sablazos sí que es una afición nacional. Tercero y fundamental, porque para un vez que ganan algo van y lanzan un mensaje político que se les cuela a los del COI. “Abajo ESP”, es decir, “Abajo España” es lo que se ha visto en todo el mundo tras el triunfo del Pirri. Prometeo, se te ha escapado.
3. Que a ver si van a ser provincianos todos los nacionalismos. Todos. Y que si nos dan a elegir algún nacionalismo que nos ponga, pa mi es Europa. No me refiero sólo a Bélgica, por mucho que Bruselas retenga la capital. Nos deberíamos sentir europeos por los cuatro costados y de boca pa dentro, entre otras porque si de alardear de triunfos se trata los europeos nos comemos por las patas a chinos, yankis y rusos. Ni juntándose todos ellos nos superan a la primera potencia olímpica, que en Pekín se ha hecho con 280 preseas. Toma ya.
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